Ante tanta adversidad, ante tanto embiste.

Se lo doloroso que es recordar lo malo, normalmente los olvidamos (intencionalmente) y seguimos adelante, pero tarde o temprano los problemas crecen. Y la bolsa que los contenía la tenemos que coser otra vez, remendarla. Ahí comienza de nuevo la misma estrategia, como también las otras que nos sirven de apoyo, de aliento. Si tenemos hijos, queremos garantizar su éxito, si somos sostenedores de una familia, basta con verlos sonreír. ¿para que tomarse la molestia de averiguar que hay detrás, si podemos hasta tropezarnos?, es que todo fluye tan rápido que mientras más efímera o simple sea la respuesta, seguimos adelante. Es así de rápido el tiempo que, normalmente, nos dignamos a sonreír.

Y a que más?

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